CAMBIOS DE CULTURA ESCOLAR (I): BUSCANDO EL PROPIO NORTE

 Foto: Guatemala/2012/MBogdanov

En nuestro país la escuela pública ha gozado siempre de poca autonomía, hecho que ha contribuido a petrificar burocráticamente aquello que, por naturaleza, debiera ser orgánico y cambiante. También, la educación siempre ha vivido una contradicción; se ha debatido entre el intento de promover, impulsar y mantener ideales más o menos utópicos por parte de los docentes, y su realidad, a menudo conservadora, al servicio de la exclusión y cierto control social por parte de las políticas educativas. 

Cabe añadir que desde hace aproximadamente una década las administraciones educativas han acogido de manera entusiasta un buen puñado de conceptos derivados de las filosofías de gestión de empresa. Otra vez estamos en lo mismo: determinados conceptos pueden ser neutros (liderazgo, eficacia, eficiencia, excelencia...), pero depende de qué ideologías políticas o sistemas culturales formen el marco que los acojan éstos pueden convertirse  en un sistema rígido orientado únicamente a la búsqueda de resultados numerales. Un liderazgo natural, bien distribuido horizontalmente en órganos responsables dispuestos para el impulso de iniciativas que permitan el desarrollo del proyecto educativo o iniciativas enriquecedoras es lo deseable. Lamentablemente no se da. 
Los principales problemas de liderazgo vienen, pues, por factores de formación, preparación, valores  o perfil de las personas que asumen ese rol. El tipo de cambios o propuestas de innovación se verá inevitablemente condicionado por el tipo de liderazgo y éste a su vez, si no es sólido, se verá condicionado por la cultura escolar ya existente. Y todos sabemos que hay ciertas tendencias en la profesión docente a que el testimonio del liderazgo lo recoja unos determinados roles (ver roles en los equipos de trabajo de M. Belbin).

Encrucijadas en el camino hacia el cambio y la innovación de los centros

Tal como decía, en los últimos años, debido a la presión - a veces caprichosa - de las políticas de la enseñanza, las tendencias en innovación educativa, las mencionadas de gestión de empresa y las propias del entorno sociocultural, la escuela pública se ha visto empujada a adoptar ciertos modelos de gestión (nivel burocrático y modo vertical) e innovación (nivel cultural y modo horizontal). 
Y me repito al decir que la mayoría de innovaciones educativas, de carácter utópico, efectuadas en los centros públicos se han hecho con más ilusión y entrega docente que con ayuda, asesoramiento y orientación recibidas de la administración educativa. 
 Los actores - muchos maestros llevan ya varias representaciones diferentes a sus espaldas - y los escenarios inician, pues, nuevas andaduras de cambio con diferentes sensaciones, debatiéndose entre la ilusión, la euforia, la incertidumbre, la desorientación y el miedo.


 Cambiar qué, por qué y para qué

Vivimos una época donde la estética y la imagen son moneda de cambio. Un buen número de escuelas se han lanzado a efectuar cambios por mera mímesis cultural, incorporando a sus estructuras y procesos el brillo de bisuterías sin reparar en los valores educativos que se puedan aportar. Importar modelos es cosa compleja; en el fondo, se está importando cultura, una cultura que, en el mejor de los casos, se ha gestado en un contexto sociocultural y económico diferente que no es el del centro que la acoge. La incorporación de los "ambientes de aprendizaje" en educación infantil, los proyectos basados en las nuevas tecnologías o el "aprendizaje por proyectos"  pueden ser un buen ejemplo de incorporaciones de un tipo de cultura educativa a los procesos de algunos centros que se hallan muy alejados filosóficamente de lo que pretenden este tipo de aprendizajes y enseñanzas emergentes. 

En todo cambio tiene que haber antes un proceso de detección de necesidades reales, una larga y madurada reflexión y un mínimo de planificación del proceso. Pero también exige un proceso de deconstrucción profesional y de derribo de conceptos docentes atávicos. 
La mayoría de veces, este cambio pide una substitución de elementos organizativos, procesos y roles personales, con lo que hay que tener muy claro que durante un tiempo se atravesarán zonas de incertidumbre en las que hay que ser especialmente fuerte para no caer en un limbo donde se mezclen elementos y procesos discordantes de las diferentes estructuras de las dos culturas educativas. Es muy fácil caer por comodidad en esta zona y plantarse: se tiene los mecanismos clásicos de control y gestión de la organización y el brillo de la nueva estética adquirida, de forma que de cara a la galería, todo tiene un tinte de modernidad e innovación que renueva el centro educativo. El saldo es una lasaña de culturas educativas en la que el docente sale muy malparado ya que tiene que alimentar la imagen que da el nuevo "proyecto educativo" pero está obligado a mantener los mecanismos de gestión y organización más controladores para abordar el currículum y, cómo no, el sistema evaluación, basado en la pura cuantificación.
La falta de cultura de la evaluación institucional sella así este círculo, iniciándose el proceso que puede ser, o de enquistamiento o de dispersión de objetivos (si los hubo). 

Emprender cambios en la escuela pública no es cosa fácil. Y depende de cómo se haga se puede saldar el cambio incluso con víctimas. En la realización de estos cambios se reúnen en el tablero un buen montón de factores, algunos distantes entre sí y otros que no se conocen en sí mismos. El tacto, la estrategia y cierta visión sociológica y antropológica del ecosistema escolar y la cultura de donde se parte es indispensable para que el cambio a realizar aporte, bajo mi punto de vista, dos mejoras principales :


1-  Mejora en la calidad del proceso de enseñanza y formación de los docentes .

Los docentes de la escuela del siglo XXI necesitan tiempo para investigar, programar, analizar resultados, estudiar nuevas propuestas y alimentarse de conocimiento. Aun, a día de hoy, se dota a un maestro de muy poco tiempo de preparación de clases. En un colegio tradicional de libro y libreta esto se entiende (hasta cierto punto), pero no en un colegio innovador que pretenda trabajar por proyectos o apueste por una metodología basada en la experimentación, el descubrimiento, el trabajo en red y la producción de materiales educativos. El valor de una escuela recae en la calidad y competencias de sus docentes. la dirección del centro debe de ser consciente de ello, detectando necesidades formativas y procurando una cultura de centro basada en la investigación y el conocimiento compartido en un marco de valores democráticos. La cooperación bien entendida debe ser surgida de la misma cultura del centro, de forma horizontal. De manera vertical, nos encontramos con algo postizo e impuesto, ciego a la idiosincrasia de los individuos que componen el grupo. 

Por ello, es importante cuidar los espacios de análisis, investigación y reflexión individual, encontrando tiempo entre coordinaciones y actividades más cooperativas. No hay que entender esto como una apología del aislamiento docente, sino como un sano ejercicio de crecimiento profesional basado en el desarrollo de las ideas y capacidades propias. Se apela a la creatividad y a la imaginación docente, y para desarrollar éstas se necesitan espacios de introspección. Es un tema que bien merece un artículo exclusivo, puesto que genera no pocos malentendidos.

2- Mejora en la calidad de los procesos de aprendizaje del alumnado.

El cambio ha de estar orientado a formar personas transformadoras, responsables, creativas, autónomas y con capacidad de decisión. Hay que romper el estatismo en el que aun a día de hoy está sumido el alumnado, recibiendo únicamente inputs y siendo valorado exclusivamente por la cantidad de contenidos que es capaz de vomitar en un examen. Preparar a una persona para desenvolverse en una sociedad futura a 20 años vista es un reto. No existen videntes que garanticen nada aunque actualmente ya se señalan a nivel socioeconómico posibles escenarios venideros. Pero lo que tenemos seguro es que la enseñanza tradicional, basada únicamente en la memorización de contenidos, no prepara para el futuro. Que un alumno tenga claro su  marco de autoaprendizaje educativo, sus capacidades y debilidades y cierta visión crítica del mundo que le rodea debiera uno de los objetivos básicos a conseguir en la escuela pública. 

 Aunque la escuela pública debe rendir cuentas a la sociedad que la mantiene, creo firmemente que el anteponer objetivos cuantitativos a los cualitativos es uno de los errores -muy frecuentes, por cierto - determinantes de la calidad de los procesos de innovación educativa y cambio de cultura escolar. Los índices de Competencias Bàsicas, Pruebas Diagnósticas o el dictado de PISA no deben ser un condicionante ni un objetivo primordial de cambio para la escuela pública. Orientar todas las estrategias y recursos metodológicos a conseguir buenos resultados en estas pruebas es un error educativo en el que numerosos centros están cayendo, ya que con ello, se empobrece la acción educativa.


La innovación, la mejora y el cambio nunca deben caer desde arriba, por la acción de la gravedad de claros intereses económicos, personales o gatopardistas. 
La innovación, la mejora y el cambio no se deben imponer, empujando al centro educativo a un viaje en el que, por motivos de supervivencia de los actores, se acometerá con no pocas ortopedias.
La innovación, la mejoran y el cambio, pues, surgen del mismo seno de la comunidad educativa por pura necesidad y fe en el futuro, transmitiéndose de manera horizontal entre las  personas que la componen. 
Finalmente cabe decir que uno de los aspectos que habla por sí solo de la madurez de una institución educativa es el papel de la evaluación en sus diferentes niveles. En los contextos educativos de cambio e innovación, los mecanismos de evaluación que se practican constituyen un valioso testimonio, indicios que nos hablan y certifican en qué nivel funciona una escuela más allá de las luces de neón y los barnices de novedad aplicados. Dime qué, por qué y cómo evaluas y te diré cómo y para qué educas.
CAMBIOS DE CULTURA ESCOLAR (I): BUSCANDO EL PROPIO NORTE CAMBIOS DE CULTURA ESCOLAR (I): BUSCANDO EL PROPIO NORTE Reviewed by Manel Guzmán on 22:30:00 Rating: 5

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