CAMBIOS DE CULTURA ESCOLAR (IV): CAER EN LA FALSA INNOVACIÓN

Fuente: http://bitacoradecora.galiciae.com/

¿Aquél centro? Lo dejé. Era un hartón de trabajar
para contentar a los padres. Era todo fachada. Se hacían 
un montón de cosas para dar la imagen de dinamismo pero
en realidad era pura publicidad, un escaparate.

P. S, maestra

No lo entendemos. Si se trabaja por proyectos, por espacios 
de aprendizaje, por ambientes... si se pretende desarrollar
 todas esas competencias que dicen, ¿por qué al final les hacen 
pasar (a los alumnos) por el tubo y los ponen contra las cuerdas
 con exámenes de contenidos que requieren unas rutinas diarias
que no realizan?,¿No se trabajaba así para desarrollar 
otras capacidades?,¿Solamente se evalúa escribir, sumar y restar?

M. S y M. C, madres de alumnos.


He optado por comenzar el artículo con dos opiniones sobre dos centros con fama de innovadores. No son falsas. Que un maestro/a se de cuenta de incongruencias en el sistema es normal, puesto que está metido dentro de él. Pero que unas madres desarrollen esa perspicacia desde la barrera nos dice que, cada vez más, los padres están más informados y preocupados sobre los aprendizajes, acciones y evaluaciones que realiza el centro donde sus hijos aprenden. Las escuelas van dejando de ser una caja cerrada. Pero aún se arrastra el síndrome del rey desnudo y de su pueblo, que no osaba decirle que iba como su madre lo trajo al mundo, que era todo un engaño.

La falsa innovación: cuando nada es lo que parece

Quizá suene demasiado duro el titulo del artículo, porque la falsedad bien puede ser deliberada: algunos centros educativos se parecen a los enormes escenarios de los spaguetti western almerienses; lucen unas fachadas que intentan reproducir una imagen idealizada, y manierísticamente distorsionada, para ponerla ante los ojos de los espectadores y así crearles la falsa ilusión de que están en el viejo oeste.
Pero la mayoría de veces, tras esos decorados apuntalados, no hay más vida que en el Comala de Pedro Páramo.
Desde otra visión, el título quiere referirse a la falsedad no deliberada o inconsciente en la que pueden caer los centros que inician cambios por y para la innovación educativa.
Admitámoslo; no tenemos cultura del cambio y de la innovación. Nos cuesta mucho porque no tenemos las herramientas necesarias (conocimiento, técnica, cultura...y honestidad), y las que hemos adquirido, ha sido por la propia experiencia, nacida en el seno de una estructura organizacional poco proclive a los cambios.


Anatomía de doppelgänger escolar 


Puede suceder así: En el seno de un claustro van surgiendo propuestas de cambio hacia otros modelos de escuela, generalmente publicitados por los medios o el boca-oreja. Se enciende la chispa; se hace una visita a esos centros y el/la director/a y Jefe/a de estudios o coordinador/a de éstos les ofrece un tour por todos los espacios explicando mil maravillas de su línea educativa (es normal, los defectos no se explican, quizá por su desconocimiento). Naturalmente, esta visita se realiza, la gran mayoría de veces, sin los niños in situ.

El fogonazo de la ilusión prende y se realiza una importación del modelo educativo sin hacer un análisis previo de detección de necesidades y variables del entorno. Por citar algunas preguntas de obligado planteamiento:


    - ¿Por qué queremos ese cambio?
    - ¿ Lo necesitamos así, tal como lo hemos visto o debiéramos adaptarlo
      a la realidad de nuestro centro y entorno?
    -¿Podemos afrontar ese cambio en nuestra situación actual?
    - ¿Qué esperamos que nos aporte?
    - ¿Qué es lo que no nos funciona ahora para que deseemos incorporar
       esa línea organizacional y pedagógica?
    - ¿Los cambios son a nivel organizativo y de gestión o implicarán 
      formación docente y cambios de rol y metodologías?
    - A nivel profesional, ¿estamos preparados?

Emprender cambios porque sí tiene saldos a muchos niveles. La estética sin ética desemboca en apariencia, dejando un rastro de frustración y olor a quemado. En una sociedad donde la imagen es moneda de cambio es difícil no sucumbir al encanto del neón. Es bueno ser honestos.

Más allá del fin de la nada

Primero: hay que entender que una escuela que pretenda innovar tiene que tener claro que debe vivir permanentemente en beta. No se trata de desfosilizarse y fosilizarse otra vez. Es un proceso que nunca se acaba, un ciclo continuo de reciclaje, un nomadismo pedagógico que te exige ir ligero de equipaje (léase actividades inútiles, contenidos, burocracias estériles, creencias, tópicos,etc). 

En el viaje hacia el cambio y la innovación, hay un momento propio de navegantes exploradores; no se ve tierra firme y aparecen las primeras voces y los primeros motines. El momento más delicado en un cambio de cultura escolar es aquél en el cual lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. En ese momento de dudas, el pragmatismo y determinados intereses pueden dinamitar el proceso.

 La utopía del cambio es más utopía que nunca para un claustro sobrepasado en trabajo: a la producción propia y adquisición de material educativo, a las innumerables sesiones de planificación, al abandono de libros, al cambio de roles, pérdida de "derechos personales adquiridos", metodologías y planteamientos docentes se le suma la nueva burocracia basada en justificar con papeles y más papeles el proyecto de innovación, la nueva estructura del PEC y curricula, etc. No bastan dos horas semanales de trabajo personal porque para generar buenas propuestas pedagógicas necesitas, como mínimo, el mismo tiempo que les concedes a su desarrollo en el aula.

En este contexto, es fácil el engaño de nuestro subconsciente, igual que lo sufre un corredor de maratón al que su mente le envía sin cesar mensajes de abandono. Entonces,  se puede producir el desfallecimiento, quedándose los docentes atrapados entre dos mundos: uno, el de las acciones visuales conseguidas que tanto agradan y tanta energía y recursos cuestan; otro, el de la escuela tradicional, que garantiza una buena gestión y organización de un sistema educativo vigente aún, y sobre el cuál, inspección educativa no te pondrá pegas.

La cultura de la prisa: enemigo número uno

Los cambios organizacionales son cambios culturales. Ello quiere decir que, antes que imponerlos a una comunidad no preparada para ello, se tienen que crear y cultivar. La nueva cultura, para que la comunidad la sienta propia,  debe de nacer y cultivarse, no imponerse verticalmente. Si no se cree en el cambio y se emprende porque sí la cosa puede difuminarse a una línea educativa de estado indefinido.

Pensemos por un momento en los alumnos: imaginaos que en un centro cambia de golpe y substituye libros, libretas, cuadernillos varios, pupitres individuales o en pareja y horarios rígidos en algo totalmente diferente: espacios de trabajo comunes, entornos virtuales, agrupaciones de tres- cuatro alumnos, portfolios, áreas comunicadas mediante proyectos, horarios compactos, inclusión del alumnado... Las primeras víctimas serian ellos.

Un docente y unos alumnos acostumbrados a un rol clásico están perdidos y sobrepasados; el docente no tiene la formación, experiencia y convencimiento necesario y los alumnos están acostumbrados al "suficiente" salvador, a las rutinas férreas, a la natural picaresca producto del sistema, al toque de pito entre materias y a no tener iniciativa personal y responsabilidad sobre sus aprendizajes. Resultado: docente quemado, alumnos perdidos y padres perplejos.

En los últimos cuatro años he tenido la suerte de formar parte activa y decisiva de un proyecto de cambio general en la línea educativa de un centro a varios niveles: pedagógico, de gestión y organización escolar, de innovación educativa, de formación docente, de mecanismos de evaluación, de organización curricular...
Desde un principio se tuvo, más o menos claro, que la implantación debía ser gradual, empezando por los grupos de infantil. 

Así, esos niños y niñas que acceden a primaria tienen una relación con el aprendizaje diferente al troquel clásico. Después, el proyecto va subiendo curso por curso, con lo que el claustro tiene tiempo para estudiar y planificar su desarrollo a lo largo de los niveles y, algo muy importante, de la formación profesional y roles del docente.
 No hay que tener prisa; la tentación de implantar de golpe es grande, sobre todo si tienes espectadores exteriores. El centro se juega un fracaso, su imagen y su credibilidad. Y la calidad de la educación recibida por parte del alumnado.


La tentación no vive arriba, habita en nosotros

Tal como apuntaba, las prisas son el enemigo número uno en estos procesos, pero también otros factores humanos, a veces lógicos y comprensibles, a veces evitables, a veces inconfesables.
Una cosa es clara; Inspección educativa, lejos de ser una máquina de detección de errores en el sistema, debe ayudar, proponer, orientar, aconsejar... Si no es el caso, ya vamos muy mal, recurriendo como medida de salvación a la realización en B de los documentos, currícula y horarios de trabajo.

En un entorno de presión exterior, en el seno de un equipo directivo voluble pueden crecer las dudas sobre el propio proyecto, alimentadas por la visita del inspector que les dice que "quiere coger un horario, ver que pone matemáticas, entrar en la clase y ver que todos hacen matemáticas" o padres con una visión clásica de la educación.

Llegados a ese punto, es fácil que, primero en el equipo directivo, empiecen las dudas y los miedos, y con ellos los mecanismos de control para cuantificar lo que se hace en primera línea y así justificarlo delante de quien sea.
Poco a poco va creciendo la desconfianza hacia los proyectos o nuevas pedagogías emprendidas pero no se quiere renunciar a esta nueva y rutilante capa visual de prestigio que cubre a la otra pedagogía, la de siempre. Se duda del aporte educativo del trabajo por proyectos o basado en problemas o tareas porque "está más que demostrado" que lo de toda la vida funciona y te permite una gestión limpia, segura e higiénica de los aprendizajes. Los aspectos cualitativos no cuentan porque no pueden hacer media numérica, y elaborar pruebas competenciales exige preparación y conocimiento. 





Simulacro de innovación: epílogo y reprise

Y así, como decía, los docentes están atrapados entre dos mundos como fantasmas, trabajando y evaluando como siempre pero embutiendo actividades "de moda" descontextualizadas y superficiales en la programación semanal. La carga de trabajo se duplica y triplica pero the show must go on, por lo que la calidad y la profundidad de todas las propuestas queda a un nivel mucho más superficial. Es la pega de la escuela contenedor, que lejos de desechar al adquirir opta por embutir.

Y un día llega un grupo de docentes que están muy interesados en la nueva línea educativa del centro. Entonces, se les muestra orgullosos/as los espacios de aprendizaje perfectamente equipados y escaparatísticamente ordenados. Eso sí, sin los niños in situ.


CAMBIOS DE CULTURA ESCOLAR (IV): CAER EN LA FALSA INNOVACIÓN CAMBIOS DE CULTURA ESCOLAR (IV): CAER EN LA FALSA INNOVACIÓN Reviewed by Manel Guzmán on 9:33:00 Rating: 5

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