CAMBIOS DE CULTURA ESCOLAR( III ): LA VALENTÍA EN LA INNOVACIÓN Y LOS PROCESOS DE CAMBIO CULTURAL



Emprender un proceso de cambio en un centro no es cualquier cosa; se tiene que entender que, más allá de los aportes substantivos visuales tan ansiados, existen una serie de factores que nos exigen un estudio de la situación inicial, una reflexión previa sobre el impacto del cambio en los diferentes niveles (humano, cultural, material, tiempos...)y una planificación de su implantación muy alejada de sentimientos de ambición o intereses personales. Y por supuesto, también necesita de una limpieza de atavismos o el síndrome de diógenes de las instituciones educativas: siempre se ha hecho así, es tradicional, es "linea de centro" (socorridísimo),etc. Apego por lo conocido, por aquello que dota de seguridad igual que el peluche al niño.
Emprender un cambio sin una reflexión compartida, basada en un análisis de la situación actual del centro y, sobre todo, saber por qué se necesita/quiere un cambio, puede tener como saldo numerosos conflictos, deterioros de las relaciones y víctimas.

Entendiendo la innovación


Aunque haya llovido mucho desde entonces, en el 2002 Joaquín Gairín  nos decía sobre la innovación educativa lo siguiente:

La innovación educativa, curricular u organizativa se puede plantear así como una constante búsqueda de respuestas a la pregunta sobre qué cambios son necesarios y deseables que tengan las organizaciones en la sociedad del conocimiento, del aprendizaje permanente a lo largo de la vida, de la globalización y sostenibilidad, de los derechos humanos, de la multiculturalidad, de la integración de personas y pueblos, del reconocimiento de la diversidad, de la cohesión local, nacional e internacional y del uso de las nuevas tecnologías en la educación.


El concepto de innovación educativa puede ser entendido, acogido y empleado de manera muy diferente según los intereses personales, intereses corporativos, intereses gubernamentales, la cultura del centro (etnológicamente hablando) y las creencias y construcciones culturales más personales.
Así podemos encontrar visiones sobre la innovación educativa que abarcan desde la inclusión del reiki, danzas solares y los chacras  hasta las "pedagogías emergentes" como la flipped classroom, PBL, aprendizaje rizomático o programación y robótica mediante Scratch, Arduino y Rasperry Pi.
Aunque el paraguas sea amplio - y los propósitos variopintos- , innovación es (debiera ser) movimiento perpetuo: un estado permanente en beta, en construcción y deconstrucción, en constante investigación dirigida a la mejora cualitativa de procesos, de valores y resultados donde la reflexión y el análisis debieran ser los cimientos. Y en esta mejora es crucial la formación permanente del docente si se quiere ir más allá de los resultados estéticos. No es ningún secreto.
Uno de los ingredientes más relevantes en la travesía del cambio es la valentía, el no abandonar en las etapas de calma chicha donde no se divisa aún la tierra firme. 

La valentía como determinante en los procesos de cambio


La valentía es uno de los ingredientes que considero primordiales en un proceso de cambio. En pleno salto, donde lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir, es fácil escuchar voces internas que, en los momentos más duros, donde el horizonte aún no se otea, intentan disuadirte de la realización de la travesía y persuadirte para volver a la comodidad de lo predecible y conocido. Valentía, pues, para sortear ese miedo al vacío y caer en el error si es el caso, sorteándolo, minimizándolo y convirtiéndolo en parte del conocimiento
Hay que distinguir la valentía consciente del deseo inconsciente y superficial de cambio. La primera tiene en cuenta el impacto del cambio en la gente que compone la comunidad educativa e intenta reducir de forma activa la ansiedad y la incertidumbre provocadas por el abandono de aquello que nos da seguridad (libros de texto, evaluaciones verticales cuantitativas, etc).


Elementos del proceso de cambio para la innovación. Fuente de elaboración propia.

Teniendo ésto en cuenta, la valentía, lejos de ser un fogonazo de arrojo irreflexivo, debe ser una capacidad basada en una visión sopesada de la realidad; necesita nutrirse de indicios mediante información sobre el estado del centro, sus potencialidades, sus lastres, sus puntos débiles... en fin, un análisis tipo DAFO o CIPP que conduzca a un proceso de cambio en el cual predomine la visión científica, la humana (y humanista), la política y la técnica. Lo que te dicte las pasiones o el corazón tiene que someterse a la razón.


Dar paso a la democracia: cuestión de valentía

Otra cara de la innovación es la calidad de relaciones establecida en el centro, tanto a nivel personal como profesional. En los centros donde el liderazgo es vertical, se tiende a decir lo que la dirección quiere oír. En una cultura del miedo, del pensamiento único y del silencio como signo de aceptación, la gente sabe que ciertas cosas no funcionan o van mal, pero no lo manifiestan. Entonces, se llega a la situación en la que los docentes no tienen como suyo el centro, que es una especie de factoría en la que trabajan hasta las cinco de la tarde. La implicación, entonces, es forzada y se fomenta la superficialidad profesional, algo que en la escuela pública, lamentablemente,  es factor usual. No hay cambio auténtico, sino reforma.

 Un equipo directivo que fomente la autonomía y la iniciativa de los docentes genera las condiciones apropiadas para que el cambio organizacional y la innovación sean vivos y orgánicos. 

Las relaciones democráticas en un centro son primordiales para un funcionamiento orgánico y vivo del centro, que genere dinámicas sociales ricas y comunicación y enriquecimiento multidireccional. 
Lo que quieras para tus alumnos quiérelo para tus compañeros de claustro: no puedes decir que trabajas en un centro inclusivo hasta que ese factor es llevado hasta la última (¿última?) persona de la organización. Es incongruente hablar de Gardner y ritmos diferentes de aprendizaje y pretender concebir un claustro como algo compacto y adocenado bajo el chirriante propósito de la "línea de centro". Hay que dejar claro que cada docente es diferente, y por tanto, el aporte enriquecedor que puede hacer a la organización será de una naturaleza u otra. Un docente puede tener roles profesionales de tipo social y cohesionador, implementador, investigador, especialista, controlador, pasivo, activo... 

Una de las salvajadas profesionales más grandes, nacida en el seno del pensamiento neoliberal que nos atenaza, es la imposición vertical del "espíritu colaborativo", idea que ha calado muy profundamente en un gran porcentaje de centros educativos. Si bien es cierto que cuando se fomenta el individualismo tipo Laissez faire se genera más rechazo al cambio y a la innovación, ese "espíritu colaborativo" mencionado no nace de manera natural, sino que se impone (colaboración impuesta) con el objetivo de minimizar problemas y hacer dócil al equipo de trabajo. Incluso puede ser contraproducente, no en formas, pero sí en resultados a largo plazo.
A diferencia de la colaboración horizontal, donde la suma natural de potencialidades y capacidades es el motor del grupo de trabajo, la colaboración impuesta pretende hacer tabula rasa en el grupo, matando así la creatividad y fomentando en el grupo un estado intelectual pobre. En este tipo de visión de trabajo colaborativo, al final, el conocimiento y la información dejan de fluir de manera libre y altruista. Se pasa de la creatividad y la experimentación al pragmatismo.
Y aquí hay un buen tajo donde discutir: los mecanismos de manipulación ideológica de la colaboración impuesta han calado tan hondo en nuestra (?)cultura profesional que los vivimos como algo natural y deseable (Leer Sonríe o muere: la trampa del pensamiento positivo, de Barbara Ehrenreich)

Hay que ser muy, muy valiente para aceptar un conjunto de valores democráticos para llevarlo a la práctica en tu centro. Democracia implica diversidad. Y diversidad implica voces y opiniones diferentes, y todo ello implica discusiones y debates, muchas veces acalorados. Esto es visto como incómodo por los equipos directivos porque lo más fácil de gestionar es el pensamiento único: higiénico, seguro, cómodo y feliz. Y que conste que hablo desde un equipo directivo.


CAMBIOS DE CULTURA ESCOLAR( III ): LA VALENTÍA EN LA INNOVACIÓN Y LOS PROCESOS DE CAMBIO CULTURAL CAMBIOS DE CULTURA ESCOLAR( III ): LA VALENTÍA EN LA INNOVACIÓN Y LOS PROCESOS DE CAMBIO CULTURAL Reviewed by Manel Guzmán on 23:33:00 Rating: 5

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