La escuela genérica como no lugar educativo



Conocí las tesis de Marc Augé durante una fiebrada que tuve por la arquitectura, el urbanismo y los espacios sociales que éstos generan. Mis hipótesis se dirigían a demostrar lo que es de cajón, que la planificación territorial y lo urbanístico están determinados por la cultura y la sociedad y, en un bucle de realimentación, éstos condicionan a su vez esa cultura y sociedad que los acoge. Y ello afecta a la educación.
Como decía, Augé entró vía Francesc Muñoz y Rem Koolhaas, que arriman la idea, cada uno, a su sardina particular. Al margen de si el concepto hace aguas en lo referente al problema de que si el lugar engendra o no derechos en el individuo, tal como plantea  el sociólogo M. Korstanje, el punto de vista de Muñoz viene como anillo al dedo en lo referente a educación.
Este autor, en su libro Urbanalización, paisajes comunes, lugares globales (2008) nos habla de los no lugares, ejemplificados mediante los contenedores de ocio (centros comerciales),  las zonas peatonales de moda o los aeropuertos. Los no lugares pueden materializarse de forma idéntica en cualquier ciudad, al margen de su historia, al margen de su identidad. La globalización hace ciudades genéricas, espacios idénticos que se someten a los tres aspectos normativos de la hipermodernidad: lo seguro, lo higiénico y lo divertido.

La escuela no es ajena a la globalización cultural y económica, y a mi entender se cumplen fractalmente en ella estructuras culturales que son el eco, el pulso de la socioeconomia global y el pensamiento hiper-o sobre-moderno. La artificialidad es tan invisiblemente presente como en las calles peatonales comerciales tres días antes de navidad, donde las palabras paz y felicidad presiden los escaparates. Si en el urbanismo es fácil detectar un no lugar, un espacio genérico... ¿ Cómo saber qué es un no lugar educativo, una escuela genérica?

Edubanalización


La edubanalización se produce cuando se importan por pura moda modelos educativos sin tener en cuenta el contexto social, la historia, las identidades o los sujetos -actores- que los reciben. Es una capa de barniz que cubre la escuela con las tres leyes de la hipermodernidad antes mencionadas. En el seno de la escuela edubanal los porqués son incómodos, políticamente incorrectos, incluso "tóxicos".

La escuela genérica - y edubanal- se viste moderna por pura mímesis. Consume sin necesitar, en una dinámica frenética de estética sin ética; la robótica se da la mano con las terapias  y el coaching en un contexto de ABP mal entendido, superficial. Lo visual es un accesorio importante.

La escuela genérica impone pensamiento único mediante ceros y unos: Sonríe o muere, positivo o negativo, operativo o desfasado, joven o viejo... es importante la "línea de escuela" o la "línea pedagógica", no como sentido o coherencia, sino como credo.

La escuela genérica gentrifica- como los barrios obreros de moda de Bcn o Madrid- gracias al efecto llamada, atrayendo consumidores y desplazando especies y familias a otros hábitats y escuelas.

La escuela genérica aplica una pedagogía genérica y se gestiona de forma genérica. Hasta las conversaciones se vuelven genéricas. La polifonía no se tolera y se aboga por la monofonía.
En la escuela genérica se combinan las pocas ganas de aprender con las pocas ganas de enseñar. El conocimiento y el sentido común quedan desplazados por una nueva charcutería emocional de bisutería, un trasiego de emociones en blister, aprendido en los numerosos cursos que se ofertan a los docentes por parte de exconsultores coach de empresa de vehículos o ventas piramidales.

El niño en la escuela genérica es un cliente que debe ser satisfecho a toda costa; su desprecio a  cualquier aprendizaje, su arrogancia y mala educación- que viene de serie- se interpreta como rasgo de inteligencia o superdotación, cuando no de "ser de luz", "niño cristal" o "niño indigo". Los padres de éste se cuelan hasta la cocina exigiendo que se materialize en la escuela toda una iconografía  indie que consumen como alternativa pero que no es más que la cara "B" del sistema del que se pretende o en el que se juega a huir.

En la escuela genérica el terapeuta sistémico, holístico o cuántico desplaza al docente porque todo lo que ocurre en ella tiene una explicación sobrenatural y psicoanalítica. Los modernos exorcismos sustituyen la tutoría, la logopedia o la psicología, antiguas prácticas de la inquisición educativa.

En la escuela genérica, la edubanalización encuentra incómoda la pobreza, la exclusión social, la etnia discriminada, el compromiso social. Todo eso no es cool. En la escuela genérica se abolió la conciencia la conciencia de clase.
Generalmente, la escuela genérica y Apple forman un tándem. Ubuntu y Linux son dos palabras desconocidas, asociadas a un nivel muy bajo de glamour. Por otro lado, las dotaciones de ordenadores se amontonan llenas de polvo en un cuarto porque los niños no deben tocar tecnología, porque hay estudios que dicen que es muy malo, que mira los retoños de Silicon Valley.

La escuela genérica habla de paz sin mencionar la guerra. Elude palabras que cree coercitivas y las sustituye por otras etimológica y semánticamente diferentes ("esfuerzo" por "dedicación"). El refuerzo positivo a granel y la ausencia de la palabra "No" hacen de quitanieves a un alumnado que pide a gritos puntos de referencia y límites.

En cada escuela genérica hay un huerto con un cuerno de vaca lleno de abono enterrado, lleno de energia cósmica capturada gracias a su forma puntiaguda. Los maestros y terapeutas no saben plantar lechugas y le encomiendan a una comisión de madres y padres bio el mantenimiento de éste.

En el comedor de la escuela genérica se come bio. Lo del comercio de proximidad pasa como lo de Linux y Ubuntu, que es cosa de sans-culottes. Los niños comen la comida o hacen lo que quieren con ella y las monitoras callan y les sirven como si estuviesen bajo el régimen de Kim Jong-un.
 Las tarifas del comedor se vuelven prohibitivas para un buen puñado de padres y madres. Los que pueden pagarlo viven alegres, los que no, se esfuerzan por parecer alegres o se van a otro cole. Cosas de la gentrificación.

La escuela genérica dice no al plástico y abraza la madera encerada y perfumada made in Germany. Sus espacios son blancos, cremosos, ordenados y pulcros. En cualquier rincón puedes hallar un bodegón compuesto por plumas de ave, cantos rodados, ramitas pulidas, piñas, botones...con preciosismo escaparatístico propio de las tiendas del Paseo de Gràcia. No huele a escuela, sino a incienso de santuario budista.


Limpia, segura, divertida. Tres caras de un triángulo que fractalmente se reproduce hasta el infinito.



La escuela genérica como no lugar educativo La escuela genérica como no lugar educativo Reviewed by Manel Guzmán on 22:50:00 Rating: 5

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