La primera visita


Entró a la sala de maestros inclinado, ladeado hacia la izquierda. Llevaba los pantalones caídos y se los subió, acompañando el bamboleo de la cintura con un pequeño impulso al aire de su pierna derecha. La americana parda le venía grande como a aquellos solterones de pueblo, con las solapas de los bolsillos medio remetidas. Olor a cocina de salvamento.
- ¿Qué tal? ¿Cómo veis las pruebas diagnósticas este año?
Seguramente pensó en una entrada efectista pero le salió lo de siempre. Hay que marcar desde el principio, dejar bien claro a qué se viene aquí.
Algún maestro con errores de cálculo en sus bromas llegó a traspasar incómodamente las antíguas líneas del respeto a la autoridad y aquello. Se cuadró torpemente haciendo notar su superioridad en la escala funcionarial de este, nuestro Departamento de Educación que dios lo guarde muchos años. Visto y no visto, como una aparición. el "Juro que volveré" del malo de película se materializó vía "Próximamente vendré y hablaremos sobre los indicadores".
Sobreponiéndonos de la aparición, como viejas en corrillo, rememorábamos otros encuentros a lo largo de nuestras vidas con el maligno. Una respetable matriarca de la docencia, nos explicó una historia terrorífica:

Una vez, en una escuela de la Segarra, apareció uno a lo largo del curso. Entró y clavó la mirada en los ganchos de los roperos de los niños. Al rato nos dijo: "Estos colgadores no están colocados de forma reglamentaria. ¿Acaso no sabéis que debe existir una distancia entre ellos de 30 centímetros? Desconcertadas le preguntamos el motivo de tal norma. Él esperaba la pregunta para dejar bien claro que no gozaba de su rango por cualquier cosa: "Treinta centímetros es la distancia máxima que puede saltar un piojo"
La primera visita La primera visita Reviewed by Manel Guzmán on 10:55:00 Rating: 5

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