Más allá del currículum: tutoría personal



Las apretadas franjas horarias  y la poca disponibilidad de horas más allá de las destinadas a las materias hacen de los centros lugares fríos en cuanto a relaciones. No hay tiempo para nada y todo son prisas en torrentes semanales donde la comunicación más personal sobrevive en la periferia burocrática, en tierra de nadie, en las quintanas situadas entre patios y materias.
Si a los maestros y maestras ya nos cuesta intercambiar palabras (oi, Roser?), conocer a los alumnos se convierte en algo casi imposible. A menos, claro está, que metas con calzador horas destinadas a ello, porque ya sabemos que la hora o 45 minutos de tutoría de grupo aporta bien poco.

Este final de trimestre he optado por hacer tutorias personales, dejando el grupo en piloto automático y eligiendo un lugar tranquilo para charlar con mis alumnos de quinto curso. Si optáis por hacer igual que yo, creo que no podréis prescindir de esta práctica nunca más y os daréis cuenta de que es una acción clave, mucho más importante que cualquier otro aspecto.
Los alumnos necesitan ser escuchados, exponer lo que sienten y piensan y no se atreven a hacerlo con los padres. El maestro es, fuera de sus família, un punto de referencia en el que se confía -algunos incluso más que en sus propios padres- y se reconoce como la persona que los impulsa y enseña el orden de las cosas en esta sociedad. Y no me refiero a las matemáticas o a la lengua.
La tutoría personal rompe prejuicios y construye puentes. Conocer a niveles más profundos a tus alumnos es desvelar muchas incógnitas sobre sus procesos de aprendizaje e inquietudes y detectar en ellos aptitudes y competencias que pueden quedar sepultadas por las rutinas diarias. Y es mucho más efectiva la orientación o la resolución de problemas en una conversación entre tutor y alumno que no la clásica tutoría semanal grupal.

¿Cómo se puede abordar una tutoría personal individualizada?


Hay varios protocolos de tutorías individualizadas, pero personalmente los veo más como herramientas burocráticas para aumentar el rendimiento académico que espacios de diálogo intersubjetivo. Yo pienso que el docente tiene que entender que no va a realizar una sesión de coerción para cambiar aspectos que no le gustan en el alumno porque el objetivo principal no se dirige a eso. Más bien es mantener ciertas actitudes para entrar en el ámbito más humano de las personas:

- La entrevista no es para juzgarlo o evaluarlo, sino para conocerlo.
- Es necesario que el alumno sienta tu confianza.
- Indispensable que el docente tenga "fe" en cada uno de los alumnos y pueda ver los aspectos       positivos.
- Ponte en su lugar y en su espacio.
- No hay nada escrito ni existe el destino ni el determinismo. La vida es caprichosa, por lo que intentar juzgar a la persona que tienes delante por su orígen, sus notas o su situación socioeconómica es contribuir a que la escuela pública sea injusta. Mi experiencia vital me lo certifica.
- La mirada entre personas que se ayudan. Simplemente.

Si habilitas un espacio de diálogo entre maestro y alumno no es para empujarlo a integrarse en la estructura de una parrilla académica, es para estirarlo  y señalarle caminos, hacerle ver que es capaz de cualquier cosa que se proponga, que no se rinda, que levante la cabeza.

Hablando... ¿de qué?


A estas alturas, cabe aclarar que no se trata de hacer la manicura ni apartar las piedras del camino del alumnado. La escuela debe romper la cáscara de sobreprotección (o su ausencia) común en el alumnado de nuestro tiempo. Pero es cierto que si el tutor necesita entrar en contacto con el alumno debe conducir una entrevista amable y próxima. No empieces pidiendo datos. Algunas preguntas para guiar la conversación pueden ser:

- ¿Cómo te ha ido este trimestre? ¿Por qué lo crees así?
- ¿Qué cosas te han supuesto una dificultad? ¿ Cómo crees que podrías alcanzarlas? 
- ¿ Qué y cómo te gustaría aprender en el trimestre que viene? ¿Te ves capaz de ello?
- Construye el grupo de trabajo con los compañeros que quieras. ¿ Qué te aporta cada uno? ¿Qué aportarías tú al grupo?
- ¿Cómo te sientes dentro del grupo de clase? 
- Imagina que el grupo es un coche. ¿Con qué partes o piezas te identificas y por qué? (se trata de establecer paralelismos entre funciones: el motor empuja, las ruedas ayudan al desplazamiento, y así con la dirección, las luces, el freno, los retrovisores, el maletero, etc)
- ¿Qué es lo más importante para ti en tu vida?
- ¿Qué te gustaría hacer en el futuro?
- ¿Qué es lo que más te preocupa del futuro? (corto-medio-largo plazo).
- etc.

Son preguntas básicas-nada del otro mundo- dirigidas a generar otras tantas y un buen puñado de respuestas profundas. Cada entrevista sale diferente, segun la madurez, la timidez o las sensaciones del momento.
Con la conversación te das cuenta de cómo se expresan, de como sienten, de cuáles son sus miedos, y qué tipo de sociograma tienes en tu clase. En un quinto curso hay alumnos muy maduros, tanto que te sorprenden. Algunos de ellos, con un ambiente familiar poco propicio y amable, piensan ya como adultos. Otros hay en los que la sobreprotección ya les está pasando factura y condicionando su desarrollo intelectual, personal y social; no entienden de futuros  ni de escenarios porque viven en el presente más inmediato. Algunos lloran, otros te preguntan a tí y te desarman, otros responden con monosílabos y un "no sé".

Eso sí, acaba la entrevista con una alabanza a las capacidades y potencialidades del alumno, mirándolo con una sonrisa, despidiéndolo con una broma, un guiño de complicidad, una mano en su hombro, un abrazo.

Por último, en los días sucesivos, observad la diferencia de relaciones entre maestro y alumno. Ya me diréis.

Más allá del currículum: tutoría personal Más allá del currículum: tutoría personal Reviewed by Manel Guzmán on 23:04:00 Rating: 5

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