Maestro engatusado



Soy un maestro fácil de seducir. El primer día por la mañana entro firme en el aula pero a la hora del almuerzo soy un flan que se cimbrea a voluntad de los alumnos. También hay que saber cómo bambolearme, confieso que tampoco es fácil ni gratuito aunque mis márgenes de tolerancia son extremadamente generosos a ojos de otros docentes; el nivel de "ruido" y movimiento de mis clases es legendario. 

Me encantan los alumnos desafiantes. No me refiero a los que se han tatuado Enséñame si puedes en el pecho o los que ya de por sí son un desafío por obra y gracia de la educación familiar. Me refiero a los que desde el primer día que pisas el aula te están midiendo, señalando tus errores, cuestionando los dogmas y narratividades en un interminable partido de ping pong.
Las horas de vuelo de docente me hacen detectar - de manera poco colegiada o científica- a este tipo de alumnos que pueden estar en cualquier zona de las campanas de Gauss de los test de inteligencia y formar parte -con más o menos suerte- de familias de cualquier condición económica y social.

Tienen una mirada impresionante, que no amedrenta pero te arroja encima una tonelada de energía. Amable o intrusiva, amigable o depredadora, a veces me desarma y me convierte en un niño, otras me pone en estado de excepción. 
No son apáticos. Suelen tener el cajón del pupitre con cientos de papeles, dibujos, notas, ejercicios, fichas, revistas y cachivaches. El desorden podría ser, pues, un denominador común en ellos.
No son de excelentes ni de notables porque en verdad no aspiran a ellos.
Los matas con el libro de texto y los deberes, y en una clase magistral hacen de tapadillo miles de cosas muy alejadas a lo que se cuece. El DIY es lo suyo, se lo guisan y se lo comen. Como tienen recursos para todo, salen airosos de la mayoría de situaciones. Se apuntan incondicionalmente a un bombardeo, a todo lo que sea levantar el culo de la silla, a manejar una cámara o una grabadora, a preguntar por las clases, a cacharrear y trajinar.

Unos tienen un canal de youtube donde monologuean sobre sus intereses. Otras escriben cuentos e historias macabras con finales muy fatídicos. Bailarinas, actrices, dibujantes, inventores, diseñadoras e incluso - cosa rara- algún futbolista. Nada, actividades marginales o furtivas desde el punto de vista académico. Son los Mad Max del sistema educativo.

Otro rasgo distintivo: no son tu sombra pero no te los apartas de tu lado ni con agua caliente. Te meten en su vida sin que te enteres. Ah, otra cosa... su sonrisa, su risa, no destaca nunca por encima del chillerío pero se abre paso como un machete por la jungla, directa a ti.

Entiendo apenado que en el seno de algunas familias sean un "problema". En algunas entrevistas, los padres agraciados me exigen para sus retoños dureza, firmeza, sanciones o - ocasiones he vivido-  suspensos intimidatorios. Algunas familias incluso me llegan a decir que el niño o la niña "me tiene engatusado", que "tiene muchas habilidades para el engaño" o que "tiene armas de seducción".
Yo me quedo frío y pienso en mi ingenuidad. Después me vuelvo a encontrar en el aula con ese tesoro precioso y necesario en una sociedad que pide a gritos romper el adocenamiento y me quedo mirándolo. No tardo en recibir otra andanada de energía y un mensaje sin palabras: sé de lo que habéis hablado en la reunión.


Maestro engatusado Maestro engatusado Reviewed by Manel Guzmán on 22:15:00 Rating: 5

2 comentarios:

  1. Yo también fuí un Mad Max del sistema educativo. Desmotivado, disruptivo, inadaptado. Supongo que a todos les/nos alivia vernos como un problema y no como una oportunidad. Les/nos exime de su/nuestra responsabilidad.

    Ahora, con el paso de los años, en estos casos me encanta romperles el problema en la cabeza a docentes, famílias y a alumnos para verlo como un RETO, cómo una brecha para empezar a trabajar.

    ¿No podemos ser aquello que querámos ser? ¿Que es lo que no funciona? ¿Lo que no nos gusta? ¿Lo queremos cambiar? ¿Vale la pena el esfuerzo? ¿Nos hemos acomodado con esta situación? ¿Nos sentimos a gusto con el papel de víctima? ¿Con la etiqueta que nos han/hemos colgado? ¿Cómo abordamos el cambio? ¿Que responsabilidades asume cada parte?

    Cada vez estoy más convencido que la educación para dar-se debe coexistir necesariamente con el valor. Sin valentia, riesgo, error, caos, conflicto... no puede darse ninguna oportunidad de aprendizaje y de crecimiento.

    Muchos profesores acostumbran a decir: "esto en mi clase no pasa" y el problema es justo ese: que en su clase NUNCA PASA NADA!! Las situaciones que se generan en las aulas estan tan predeterminadas, la opinión, el debate, los pactos, en resumen, la comunicación (si es que se da) esta tan pautada por la corrección, los margenes de acción estan tan acotados que dejan al alumno en una situación de represión y marginalidad que és casi imposible que se de cualquier situación para detectar esa brecha, esa oportunidad para observar la necesidad del ser humano que hay delante.

    ¿No será de eso de lo que se encargan los Mad Max del sistema educativo? ¿De transgredir esos margenes para generar situaciones de conflicto, de crisis, de debate, de caos, de incomodidad para detectar tales necesidades y abrir brechas de acción?

    Felicidades por el bloc.

    Iaco.

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  2. Hola, Iaco,

    Pues sí, tal como dices el debate y el conflicto son motores evolutivos. Acallarlos y hacer tabula rasa es fabricar realidades interesadas.
    Aunque se cacaree sobre la iniciativa del alumnado, el pensamiento crítico y educativo y el espíritu emprendedor no cuenta con muchos apoyos, tanto de padres como de administración y estructuras educativas.

    Gracias por tu comentario. Enhorabuena por tu buen trabajo.

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