Entrevista para Kireei Magazine



Este texto fue elaborado por Elena Ferro y es parte del artículo "Maestros" que apareció en la revista Kireei magazine 7 (otoño 2015). 

Manel era músico semi-profesional y por eso llegó a la docencia como especialista en música. Sus primeros años fueron, como él mismo define, de “docente mochila”. Un maestro nómada cambiando de escuela, de ciudad, viviendo allá donde tenía una plaza de docente. Fue una época de aprendizaje de la que conserva en el recuerdo una frase de Carme, una maestra de educación especial que conoció hace años: “Cuando ya no puedas aprender de los que te rodean, levanta el vuelo y busca la mejora y el conocimiento”.
Actualmente es tutor de primaria. ¿Por qué dejó la especialidad de música? Primero, decepcionado por el poco valor que se le daba a la música en algunas de las escuelas en las que había estado, donde la materia era vista como una pérdida de tiempo. Y en segundo lugar, el motivo más importante, la conciencia social – y unos recuerdos dolorosos de su paso por el sistema educativo como alumno – le impulsaban a intentar cambios que desde el poco peso específico que se le daba como maestro de música no podía emprender.
Hizo la memoria final de su máster en organización y gestión de centros sobre las Comunidades de Aprendizaje. Durante la elaboración de este trabajo se interesó de manera profunda por muchas pedagogías alternativas. Descubrió entonces que en el saco de estas “alternativas” había modelos diametralmente opuestos, incluso en cuanto a finalidades educativas y sociales. Actualmente la propuesta pedagógica en la que trabaja bebe de dos escuelas que considera de referencia. Una es el Roure Gros, de Santa Eulàlia de Riuprimer, de la que destaca el pensamiento científico y la utilización de “cajas de contenidos”. La otra, la escuela Ítaca de Manresa, de la que le impresionó su cultura de centro y el trabajo por proyectos. En la escuela donde actualmente trabaja, la escuela Montanyans de Castellet i la Gornal, el último curso fue tutor de tercero de primaria: sus alumnos son niños que llevan trabajando desde infantil en espacios de aprendizaje, y de ellos destaca la autonomía y el poco miedo que sienten a afrontar nuevos problemas y tareas. “Se les nota una cultura de aprendizaje muy particular, diferente a la tradicional”, se enorgullece Manel.
Sobre el panorama educativo actual, cree que la innovación es impulsada por los docentes y no por las leyes o por imposición vertical. A su parecer, los avances han sido fruto de la transmisión horizontal de información y conocimiento entre escuelas y docentes. “La educación es un acto vivo, dinámico y orgánico, que tiene lugar en la primera línea de fuego: el aula”, afirma.
Sin embargo, Manel detecta miedo a abandonar ciertos equipajes atávicos, como la comunicación unidireccional, la forma de evaluación, la organización rígida de horarios y materias, las relaciones de poder en el aula o los libros de texto. También le preocupa la proliferación de ciertas propuestas místicas y pseudocientíficas, y una fuerte campaña contra la escuela pública y a favor de ofertas privadas dirigidas a un sector de alto poder adquisitivo, ante la cual muchos docentes son acríticamente permeables.
Manel ve la escuela como un servicio público amenazado por intereses privados, que cuentan con muchos medios económicos, informativos y de marqueting para convencer a la población de que la educación pública es “tradicional y obsoleta”. Además, destaca la falta de apoyo de la Administración a los proyectos innovadores; falta libertad en la organización curricular y horaria, y una nueva cultura de la evaluación.
Contra esto, Manel quiere animar a los docentes que trabajan en proyectos educativos públicos innovadores a que levanten la voz, se conecten y formen nodos para compartir experiencias y debatir juntos sobre el futuro de la educación. Él ya lo hace, no solamente en persona sino también virtualmente. No en vano es el único de los cinco maestros al que todavía no conozco en persona, pero eso no ha sido obstáculo para haber compartido ya algunas opiniones y tenerlo presente en mi pantalla con tanta “realidad” como a otras personas a las que sí he “desvirtualizado”. Lo que las redes sociales están haciendo por conectar a docentes y propagar ideas y actitudes a favor de la innovación es algo cuyo impacto tendrá que ser evaluado algún día.

Emancipación y transformación

“Le doy mucha importancia a los entornos digitales de creación y aprendizaje, y dentro de la propuesta de aula integro una serie de herramientas digitales seleccionadas. Se trata de utilizar los entornos informáticos como herramientas de creación de conocimiento y comunicación, evitando caer en el consumo acrítico de contenidos.
La educación, la escuela y los docentes tienen que vivir de forma permanente en beta, es decir, en fase de pruebas constante. Porque ¿quién sabe cómo será la vida de mis alumnos de 8 años dentro de 10?
No sé qué impacto tendrá mi aportación educativa en el futuro de los alumnos que ahora tengo. Creo que vivimos tiempos muy inciertos y acelerados, en los que no me atrevo a formular ninguna previsión. Por ello, el objetivo central de mi trabajo es ayudar a desarrollar a los alumnos un marco de aprendizaje auto-dirigido, una estructura meta-cognitiva de análisis, búsqueda, aprendizaje y respuesta sobre cualquier aspecto de su realidad actual o futura. Este es el núcleo de mi aportación. Creo en una educación emancipadora y transformadora de lo social. Debería producirse un cambio de calidad ética y humana a nivel político, sensible a la cultura y al conocimiento, que regenere los valores sociales y rompa con las viejas narraciones sobre nación, economía y progreso.”

Elena Ferro
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