Desmontándome


Este curso ha representado un punto de cambio en mi vida profesional. Del esoterismo newager educativo (sistémica, holística, waldorfismo, escola lliure rebautizada como "viva"...) no voy a decir nada. Al menos hoy.

He acabado realmente acojonado de ver en estos últimos años cómo circula profusamente la sinrazón, el infantilismo, el mangoneo, los intereses personales y la falta de ética de la mano de personas incapacitadas para la docencia. He sufrido a gente que se mata por entrar en el equipo directivo, pisoteando, engañando y acosando a compañeros, para huír del aula e imponer a los demás su particularísima cosmovisión, creencias místicas y necesidades personales.
Hay que ir con pies de plomo y evitar a esta peña como puedas, darles lo que te piden y no contrariarlos en lo posible porque carecen de lo que van predicando: diálogo, respeto, empatía, emociones y asertividad. Como creo que hay que tener dignidad y principios en esto de la docencia toca, pues, coger las maletas otra vez. Y para no enfermar, cosa importante.

Sigo.

A lo largo de estos últimos años he visto el mercadeo de la moda pedagógica y he perdido contactos por ser crítico con ello. He sido miembro aclamado de las alegres pandillas de docentes innovadores del INTEF y ahora desertor. He trabajado con humo, rodeado de humo en colegios en los que sobran terapeutas y faltan maestros y maestras que enseñen algo. El carrusel de la "innovación" ha crecido a mi alrededor, yo participaba y he bajado de él. Ello es difícil cuando el ego es el propulsor de tu fama de docente innovador. Desde fuera del baile, con la perspectiva que te otorga la desintoxicada lejanía, veo aborchornado como mi antiguo círculo de contactos se desvive - como yo lo hacía - por ser el profe más "in" y colarse de predicador aquí y allá. A ver quién se atreve a parar el guateque, porque hemos llegado a un punto en el que no alabar la "innovación" o la pedagogía X te puede suponer el derrumbe de tu reputación como maestro. Que se lo digan a Alberto Royo, que su libro Contra la nueva educación le ha supuesto una avalancha de críticas y abucheos zombies. Tengo que decir que aunque sus tesis no representan mi pensamiento las respeto profundamente y coincido con él en no pocos aspectos.

Por otro lado, mi desconexión digital - iniciada hace unos tres años-  de los círculos docentes en las principales redes sociales (aunque conservo Twitter) me ha ayudado a la desintoxicación de la moda de las "pedagogías innovadoras" y a encontrar otros espacios de aprendizaje personal. Retomar la lectura y la música para que sustituyan los MOOC y los foros de docentes ha sido una buena terapia de destete.

También, en este tiempo he bajado algunos santos pedagógicos de mis altares particulares. Otros que ya tenia embalados en cajas arden definitivamente en una hoguera. Ahora mismo se puede decir que estoy en plena fase de deconstrucción profesional; me he dado cuenta que muchas cosas que me parecían "el no va más" pedagógico no funcionan con la gran mayoría de alumnado y, para bien o para mal,  sobran para muchos docentes. Y es la realidad. Y no me avergüenzo al salir de este armario. Sí, ya sé que algunos dirán que la feria montada era evidente, pero para verlo he necesitado buenas dosis de aquello que siempre predico para mis alumnos: visión crítica.

Eso se nota en el parón del blog; he necesitado tiempo para digerir todo lo engullido y elaborar una nueva respuesta: ni la tecnología es la salvación educativa-pese a ser un firme defensor de su incorporación en el aula- ni la avalancha de nuevas pedagogías son útiles per se: si detrás no hay buenas prácticas educativas todo queda (está quedando) en humo vendible de cara a la galería. Para muestra, no hay nada más que ver el chiringuito que se ha montado alrededor de la Flipped Classroom, la robótica o la gamificación.

Teniendo en cuenta los recursos disponibles en la escuela pública (humanos y materiales) y las ratios de alumnos tan elevadas, ahora mismo veo más claro un mestizaje de metodología directa alternada con algunas prácticas - bien andamiadas en el caso del trabajo cooperativo/colaborativo - que aportan saber hacer, responsabilidad y habilidades sociales a los alumnos.
Hay cosas que funcionan y otras que no. En una escuela pública no podemos andar de experimentos y hay que meditar, leer y formarse mucho antes de tener a veinticinco niños de cuarto o sexto curso apilando bloques de madera, imprimiendo Pokémones en 3D y escribiendo únicamente en su diario personal sobre sus emociones.
Repito: sobran terapeutas y faltan maestros, sobra misticismo newager y falta Ciencia, geografía, arte, literatura. Y también falta pasión y sobra acomode.

Aún estoy ordenándome, haciendo una lista honesta de errores y aciertos y rearmando mi maleta de recursos. Espero ser mejor el próximo curso en otra escuela, en otra aula, con otros niños.







Desmontándome Desmontándome Reviewed by Manel Guzmán on 1:36:00 Rating: 5

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