Poder tóxico


Hubo un tiempo en que nadie quería ser director o inspector de centros educativos. La gente lo veía como un "paquete" y había más docentes vocacionales que gente con poco apego al aula. Las tornas se han cambiado y ahora se suspira por huír de una tutoría sea como sea.
 La educación pública ha sido siempre un coladero de medradores, pero en estos últimos tiempos es algo exagerado. En la política ha pasado igual, basta con ver los perfiles y cuadros que componen cada partido.
Para hablar de relaciones de poder tóxicas hay primero  que hablar de "trepas" o "alpinistas sociales" y de sus condiciones de nacimiento, vida y muerte.

Anatomía del trepa


Según la RAE, trepa es un arribista, una "persona que progresa en la vida por medios rápidos y sin escrúpulos".
Son carroñeros del trabajo colectivo. Poseen el síndrome Dunning-Kruger y otros cuadros psicológicos como la psicopatía en algún grado. Puede darse también el "gilipollas", como bien dice A. James en su libro Assholes: a Theory, que a diferencia del psicópata, saben que los demás tienen derechos y sentimientos pero les da igual.
No comparte información, al contrario: utilizan el conocimiento de los demás como si fuera de su propia cosecha.
Cuando acceden a un puesto de jerarquia superior sienten verdadero placer machacando a la gente. Ello es debido a su complejo de inferioridad barnizado de seguridad.
Su vida profesional se desarrolla fuera de su puesto de trabajo. Ello es posible porque su trabajo lo realizan los demás. Lo que sí está claro, al menos en el contexto de la educación pública, que el mejor caldo de cultivo de un trepa despiadado y autoritario es la connivencia e inobservancia de los mecanismos de inspección educativa que, siendo algo habitual, también comparten el mismo material humano y ético que el susodicho.
El resultado es un líder organizacional convertido en una rémora tóxica, que manipula la verdad y la información a su antojo, respaldado por otros como inspectores, formadores enchufados por la administración, etc. Es el resultado de pasarse más tiempo en restaurantes y cafeterías haciéndose notar (son los "imprescindibles") que ejerciendo las propias competencias.
También los podemos ver en forma de formadores o creadores de la última moda: los "grupos de trabajo" sobre pedagogías - la sistémica y holística- y otras zarandajas perjeñadas para trepar como sea, decir a los docentes de primera línea cómo se tiene que enseñar y vivir del invento.

Liderazgo tóxico


Hay de varias texturas. He visto desde pobres diablos abducidos por la new age y el pensamiento urfascista hasta auténticos impostores que, aunque no han dado clase en su vida, se han convertido en directores de referencia gracias a su talento trepador y a farfullar frases de moda en el sitio adecuado en el momento adecuado.
Hablemos ya, pues, del trepa como líder en un centro público.
Normalmente accede en un contexto de "río revuelto", de situación crítica de descontento general o en las grietas que producen las numerosas luchas de poder que sufren los centros educativos públicos. Como no le interesa el aula ni la educación ni nada parecido, y en realidad no tiene intención ni idea de impulsar un proyecto educativo coherente, el crecimiento burocrático es exponencial por el ansia de control. Ante todo, su objetivo es impulsarse él mismo. No hace autocrítica y sus remordimientos son inexistentes. Kiss up kick down, que dicen los ingleses.
Se le reconoce por la multitud de parrillas de control y de procesos duplicados, triplicados y hasta inservibles. Las medallas son para él. El objetivo es que se note su poder como sea, y al no tener ni puta idea ni vocación de nada que no sea trepar, el colegio crece en documentación y registros inútiles.
Otro punto  a tener en cuenta es la violencia pasiva y la coacción sutil. Obliga, no estira; ordena, no motiva. La comunicación es totalmente vertical y los procesos democráticos brillan por su ausencia. Normalmente farfulla jerga burocrática y pedagógica que ni él mismo entiende para esconder su mediocridad.
Las igualdades, para él, son insultantes. Tratos encubiertos y apaños opacos entre bambalinas son sus formas de contentar grupos descontentos y resolver problemas. El líder tóxico es un genio de la mentira; al vivir permanentemente instalado en ella, le cuesta bien poco zafarse de los acorralamientos. Los demás son incompetentes y él debe velar por el bien de la organización. Su personalidad tiende a ser de sádico narcisista, con egocentrismo patológico y carencia de empatía.
Convierte eun colegio en un sultanato y se suele rodear de afines mediocres, contentándolos para tenerlos fieles en su constelación.
Cuando un centro educativo es tan desgraciado de vivir en esta situación es difícil el arreglo, porque los gilipollas y trepas parecen estar más de moda que nunca.
Poder tóxico Poder tóxico Reviewed by Manel Guzmán on 1:49:00 Rating: 5

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